lunes, 8 de agosto de 2011

Capitulo 8: La verdad a la cara

Me ruboricé. No me esperaba su comentario.
-Gracias... Los tuyos también son muy bonitos.
Logan sonrió, y sus ojos del color del caramelo se tornaron dorados a la luz del sol. No sé que tenía en la mirada, pero hacía que me entrasen escalofríos. Nos quedamos un rato callados, quietos, mientras el sol incidía en nuestros cuerpos. Entonces, él se levantó y se dirigió al paseo marítimo. Lo seguí, mientras hacía mis propias cuentas mentales. Para romper el silencio, decidí decirle:
-¿Adonde vamos?
-De vuelta a casa... si no te importa, claro.
-No, no me importa. De hecho, estoy un poco cansada....
En realidad, no estaba cansada. Bueno, quizás un poco, pero dentro de mí había una voz que gritaba: Quédate un rato, quiero estar contigo... Pero lo único que mi voz y mi cuerpo me dejaban hacer, era estar quietos, y asentir, callándo a aquella voz que tanto me quemaba por dentro... Pero me quemaba por dentro porque tenía razón, y lo único que hacía era hacerle caso omiso y dejarlo pasar.
Cuando llegamos a su casa, ví que no entraba en ella, sino que seguía calle arriba. Así que le dije:
-Logan... tu casa es esa.- le dije señalando su puerta.
-Sí, y la tuya por aquí.- respondió, señalando calle arriba.
Seguimos andando, aunque él siguió callado. Aún así, parecía disfrutar del paseo.No paraba de mirar de un lado a otro, examinando los jardines del vecindario. Examinaba los colores de las flores, la altura que tenía el césped, la especie de árboles, etc. Cuando llegamos a mi casa, me paré en la valla del jardín y le invité a pasar.
-No, gracias. Mi madre está preparando una cena especial porque esta noche vienen unos amigos, y tengo que ayudarla.
La simple idea de Logan cocinando me arrancó una risita.
-¿Qué?.- me preguntó, divertido.
-No te imagino cocinando, es sólo eso.- todavía intentaba imaginarmelo con delantal y gorro de cocinero, pero no conseguía hacerlo sin reírme
-Pues soy un gran cocinero, que lo sepas.-Logan me señaló con un dedo amenazante, a la vez que me miraba fijamente, intentando ponerse serio. Volvió a mirarme como en el paseo marítimo y sentí el mismo escalofrío, quizás más agudo. Noté cómo empezaba a ponerme nerviosa, cómo mis mejillas se iban encogiendo y poniéndose rojas. Él lo notó.
-Perdona por mirarte así. Es que tus ojos son como un pozo verde sin fondo... te pierdes en ellos y es difícil volver a la realidad.
Asentí y lo despedí con la mano. Rebusqué en mi bolsillo las llaves, pero con el temblor que tenía en las manos, me era imposible sacarlas. Cuando entré en mi casa, ví que todavía no habían llegado mis padres con Kat. Me senté en el sofá e intenté meditar a la vez que le daba pequeños mordisquitos a una galleta. Logan y sus afortunados comentarios. No hacía nada más que ponerme roja cuando me hablaba así, aunque probablemente, Logan los hacía por eso. Tal vez no fuese más que un típico idiota de esos que espera a que las chicas se enamoren de él para luego dejarlas en la estacada. Indefensas por su corazón roto, incapaces de pasar página por haberse enamorado con tanta fuerza. Sin embargo, sólo tenía pinta de inocente. No creí posible que detrás de una cara tan angelical se pudiesen esconder tales objetivos. De repente, escuché un ronroneo. Cuando bajé la mirada, me ví a Elphie maullando para que la cogiese. La levanté del suelo y la achuché:
-Creo que aquí, tú eres la única que no esconde las cosas.
Me miró extrañada, a la vez que ladeaba la cabeza. Le dí un toquecito en la nariz, un beso en el lomo y la solté para que pasease a sus anchas por la cocina, buscándo su ración diaria de leche, que siempre se dejaba para la noche.
Y en cuanto a Matt... había que tener poco cerebro. Si hasta yo, que llevaba allí dos días, me había dado cuenta de los sentimientos que erradiaba Loren, ¿cómo él no se había dado cuenta? ¿O es que se daba cuenta, y por una razón oculta hacía como si nada? Tal vez esa razón oculta era lo que yo llamaba comodidad. Es más cómodo estar con alguien olvidando que "tu mejor amiga" está colada por ti. En cuanto tuviese un poco más de confianza con Matt, tendría una seria charla con él.
Loren. No me había acordado de llamarla, pero a estas horas, o estaba llorando con la cabeza metida en la almohada, o luchando por no llorar. No tenía ganas de interrumpir ese horario tan estricto que una se marca.
-¡Ya estamos en casa!
Mi padre, abriendo la puerta, dejó paso a mi madre, cansada por tanta vuelta y a una Kat rebosante de alegría que no paraba de hablar con las paredes y con los muebles:
-¡Que bien nos lo hemos pasado!
-¡He conocido a Jessica! ¡Es súper simpática!
-¡Tienes que conocerla, Elphie!
Elphie soltó un bufido, y tras escaparse de Kat, subió escaleras arriba.
-No creo que en estos momentos sea sensato preguntarle a Kat, así que... ¿quién es Jessica?.- le susurré a mi madre.
-Una vecina. Hemos charlado con sus padres en el IKEA, son muy simpáticos, y Kat ha estado jugando con ella. Tienen la misma edad y son igual de hiperactivas.- esto último fue acompañado de una mueca de cansancio. Habían tenido una tarde movidita, desde luego.
Cenamos pescado a la plancha, que habían comprado mis padres en una tienda de comida que había cerca de casa. Luego, tras ver una película que Kat se empeñó en poner, me fuí a dormir. Últimamente, dormía en ropa interior, porque prefería taparme con una sábana si tenía frío, a asarme de calor por muy fino que resultase el pijama. Me metí en la cama y estuve como dos horas de un lado a otro de la cama, sin poder dormir. ¿Por qué leches me había buscado unos amigos tan complicados?
Las siguientes tres semanas se pararon muy rápido. Loren no nos hablaba de lo que pasó en su "cita" con Matt, por lo que adivinamos que le fue mal. Matt y Pam estaban cada día más acaramelados, aunque sin llegar a besarse ni confesarse su amor en público. En cuanto a Logan, no me lanzó más comentarios sutiles (la verdad es que sólo le faltaba decir: tienes muy buen cuerpo para que me diese por aludida) y empezó a ser el amigo que ví el primer día. Un chico simple, simpático y amable. Sin tampoco pasar por alto su gran toque de humor. Un día estábamoslos cinco, y como nadie hablaba, Logan y yo nos pusimos patatas fritas como bigotes y nos hicimos fotos. Los dos estábamos hartos de todo, de que nadie hablase de lo que les comía la cabeza a todas horas, ni de que se sincerasen y fueran abiertos con los demás. Todo iba "bien" hasta que un día que íbamos las dos solas (Loren y yo) me dió por meter la pata:
-Loren, ¿le piensas decir algún día a Matt lo que sientes por él?
Me miró con cara de asesina
-¿Por qué tengo que hacerlo?
-No tienes que hacerlo, simplemente sería conveniente que lo hicieses.
Se paró en seco.
-No se lo he dicho porque no es el mejor momento para decirselo.
-Ni hoy, ni ayer, ni hace tres semanas. Nunca ha sido el mejor momento.
Entonces, noté cómo la había cagado. Las mejillas de Loren se hincharon de furia, y tenía los puños cerrados.
- Y si tanto crees que debo sincerarme, ¿por qué no empiezas tú a decirle a Logan lo que sientes por él?
Y esa es la parte en la que me cabreé de verdad y fuí yo la que cerré los puños para no estamparlos contra su cara.
-No siento nada por él que no sea amistad.- mentira, mentira y más mentira. No lo quería, pero la atracción que surgió tres semanas atrás seguía escondida, aunque no olvidada.
-Oh, claro, y por eso te pones como un tomate cuando él te dice que ojos más bonitos tienes... -dijo, cada vez más furiosa.
-Espera... ¿qué?.- mis ojos se quedaron como platos.- ¿cómo sabes eso? Ese día estabámos solos, porque tu estabas en esa magnífica cita que todavía no nos has contado...
-¿Qué creías, que no se le "escapó" de la lengua?.- emitió una carcajada con sorna.- Ilusa.
Me quedé paralizada, con la cabeza que me daba vueltas, y una lengua que se había vuelto puntiaguda y viperina. Sin embargo, por algún fuerte lazo que había estrechado con ella a lo largo de mi estancia allí, preferí callarme y dejar que siguiese con sus pullazos:
-Se estuvo riendo de ti. Dijo que eras una niña tonta y que en un chasquido de dedos te tendría a sus pies. Y acertó con la definición, desde luego.
Se quedó callada, con cara de satisfacción, al ver que me quedaba entumecida, sin poder hablar. Sin embargo, algo pude susurrar lo bastante claro como para que me oyese.
-Él por lo menos se dio cuenta de que me gustaba, y no me pedía citas para saber cómo podía pedirle salir a una chica.... que no era yo.
Sabía que aquello fue un golpe bajo. Muy bajo, diría yo. Tanto como para que  Loren me gritase en medio de la calle que se iba porque no aguantaba escuchar más cosas imbéciles. Tanto como para que dada la vuelta y caminando hacia su casa, escuchase sus sollozos incontrolados que no la dejaban respirar. Tanto como para que yo cerrase los ojos intentando no ser yo, ni estar en aquel lugar, ni en aquel momento. Me quedé sola, en medio de la calle, sin que ninguno de mis sentidos se diera por aludido. Podrían haberme gritado, movido o tirado un cubo de hielo que no lo hubiese notado. Y entonces, para colmo, empezó a llover. Y entonces fue el momento en el que mis lágrimas se confundieron con gotas de lluvia.

1 comentario:

  1. No sé, yo creo que en el lugar de Madd hubiera hecho lo mismo. NO está bien que alguien te haga algo así, una amiga y menos cuando le estás dando un consejo. Lo de Logan no me lo esperaba, pero no sé porque creo que Loren lo ha dicho para pinchar y ya.
    Besos, Amanda.
    P.D.:Espero poder seguir leyendo más luego.

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